La razón es la puta del diablo y si no me crees es porque crees que tienes razón

El Reverso del Evangelio




En el principio era el Pensamiento
y el Pensamiento se fijó en Dios
y el Pensamiento creó a Dios, quien se convirtió en el Principio.
Pero el Pensamiento fue querido
así que antes del Pensamiento existía la Voluntad (pasión)
y el querer estaba con Dios
y el querer (no el creer) creó a Dios
y Dios creó todo con la Voluntad que es pasiòn.
Todo fue hecho para la pasión y con la pasión
porque sin pasión nada de lo que existe habría sido hecho.
El Pensamiento es pasión (mente)
La Voluntad es pasión (corazón)
En la mente y el corazón estaba la vida
y la vida era la luz de los hombres
es decir, su pasión los lleva a la luz,
por eso la pasión brilla en la oscuridad
pero cuando la oscuridad se convierte en pasión, la luz se apaga.

Y Él estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de Él (el sexo),
porque sin el apareamiento, ni siquiera las estrellas existirían.
Y sin embargo, el mundo no lo reconoció,
de hecho, especialmente los seres humanos,
cuando vino entre su pueblo,
los suyos no lo recibieron,
lo despreciaron y lo demonizaron.

Y la pasión se hizo carne y habitó en medio de mi vientre, y todos vieron mi gloria.
Y aunque el Verbo entero se hizo carne, quienes lo adoran —la mente, lo abstracto, lo espiritual— no pueden liberarse de la carne, de su desnudez, de su esplendor, de su pasión. Desean viajar solo en espíritu, mientras que la carne los mantiene prisioneros de su morbosidad ancestral. Por esta razón, nunca llegan a ser seres espirituales; permanecen atrapados en su carne no amada, desconocida y no vivida.

Ella, comprometida, antes de poder vivir con su prometido y futuro esposo, se encontró embarazada de otro, sin duda más divino. Su prometido, un hombre justo, sabía que sería lapidada según las leyes de su mentalidad social, así que decidió divorciarse de ella en secreto, diciéndose a sí mismo: «Yo, que te he sido fiel porque eras mi Dios, ¿te acuestas con mi futura esposa? ¿Y me exiges fidelidad tù que eres infiel? Tú, que castigas el adulterio, ¿eres adúltero? Tú, que condenas la fornicación, ¿eres fornicador y te crees Dios? ¿Me robas mi esposa y destruyes una familia, para luego consagrar como baluarte de la comunidad la familia que yo no pude tener?...» Y así, Dios creó el síndrome de San José: el miedo a los cuernos. Y si la mujer más pura del universo puede concebir hijos que no son tuyos, ¡imagínate lo que te puedes esperar de una mujer común y corriente!

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la vencieron... aunque los hombres adoran las tinieblas donde simulan brillar como luz.

Nadie ha visto jamás a Dios,
solo el Hijo mismo (la consciencia)
que está en el seno del Padre (el inconsciente).
Él lo ha revelado.
Ver a Dios, en otras palabras,
es conocerse a uno mismo
y llegar a ser quien uno es.

Todos esos borrachos siguieron a Jesús desde el momento en que supieron que podía convertir el agua en vino, porque estaban embriagados de milagros, favores y placeres, y no hicieron más que asistir a la boda de Caná. Le pidieron al Maestro que les enseñara el truco; algunos lo aprendieron, y hoy venden mucho vino en las iglesias, pero no es más que el agua de la ignorancia del pueblo, siempre ebria. Pero cuando Jesús convirtió el vino en sangre, todos huyeron; casi nadie quiere aprender ese truco. Los que se quedaron saben que esa sangre es pura pasión que despierta de la embriaguez de este mundo.



Solo aquellos que tengan la humildad de reconocer que no son dignos de desatar la correa de mis sandalias serán dignos de desatar cualquier otra cosa para mí.

Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque sus madres vienen detrás de ellos... las madres, ¿entienden bien, malditos pedófilos? Las madres son el objetivo, no los niños.

Padre, no los perdones porque ellos saben muy bien lo que hacen.

No caí en la tentación, me empujaron.



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